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jueves, 7 de abril de 2016

Chow Mein

Escuché a lo lejos el sonido producido por alguna cosa metálica que cae para golpear el piso, casi instantáneamente los perros cercanos comenzaron a ladrar. Desperté con aquello y a la espera de escuchar de nuevo algún ruido me quedé dormida. No supe de mi hasta el amanecer, cuando todo estaba iluminado y el día pintaba para caluroso. No tenía sueño pero la cama me arropaba de forma tan agradable que decidí permanecer unos minutos más y disfrutar del tiempo libre que tenía.
Sumida en pensamientos superfluos y faltos de seriedad evidente recordé el sonido que durante la noche me había despertado, automáticamente un arrebato de ansiedad recorrió mi cuerpo para llevar a mi cabeza la idea de descubrir la procedencia de aquél. Por alguna razón decidí que era importante, que un metal dando un golpe tan fuerte por la madrugada no podía ser una simple casualidad. Me vestí sin elegir las prendas y salí de mi casa presurosa para localizar la posible ubicación, busqué unos 20 minutos sin tener suerte. De nuevo el presentimiento, crucé la calle que se encuentra sobre la parte trasera de mi departamento, corrí en línea recta y doblé en el primer callejón. Llegué a una calle sin salida y avancé despacio, al fondo, un enorme contenedor viejo y oxidado de color naranja opaco con un graffiti, el dibujo iba adornado con símbolos chinos y figuras que parecían platos de comida. Me paré al extremo de la entrada, abrí lento y precavida la puertecilla rechinante de aquella enorme caja metálica. Justo en la entrada, encontré una barra metálica con manchas color café, al fondo un silencio penetrante y una oscuridad que escondía mis manos a mis ojos. Un fétido olor me hizo retroceder. Sentí de nuevo aquella sensación, quise correr pero mantuve la calma, saqué mi celular del bolsillo izquierdo del pantalón y encendí el led para alumbrar al fondo...

... Fue repugnante, fue excesivamente doloroso. En el techo colgaban enormes ganchos que soportaban el peso de al menos una docena de perros despellejados y ensangrentados, todos muertos, todos asesinados. Mostraban una zona magullada en la cabeza, parecía que algo los hubiera golpeado tan fuerte que los durmió para siempre.

Asqueada y perturbada con la escena, decidí marcharme. Antes tomé algunas fotografías, necesitaba evidencias para que el mundo supiera de esto. Di dos paso hacia atrás y giré el cuerpo para salir haciendo el menor ruido posible pero, a poca distancia de la entrada y por la parte de afuera me esperaba un hombre obeso y enorme que usaba un mandil blanco ensangrentado, en su mano apoyaba la barra metálica que había visto antes, la movía en el aire para azotar el otro extrema en la otra palma. Miré fijamente al hombre pensando en cómo correr para escaparme, pero antes de siquiera concluirlo el hombre sonrío y dijo  - El Chow Mein también queda delicioso con carne humana y más si es de una jovencita.

domingo, 4 de octubre de 2015

Deseo anhelado.

El último espacio por recorrer de un poco menos de un kilómetro se hizo inmenso. La fuente con agua clara se veía cada vez más lejos y el sediento hombre agonizaba y suplicaba por unas cuantas gotas de líquido. Había sido largo el viaje y estaba cerca de llegar. Así lo anunciaba la fuente. La fuente de la vida eterna, al fin la había encontrado y estaba tan cerca. Aquél hombre enfermo creció con las historias de su madre, una mujer de leyendas y vida aventurera que recorrió gran parte de las regiones cercanas, muchos la creían una gitana con poderes místicos pero lo cierto de todo esto era el inmenso amor que sentía por su hijo y este hombre lo sabía, tirado en la arena visualizando a lo lejos la fuente pensó en su madre, en su infancia y en como ella le llenaba de besos imparable, pero hacía años de eso, era un chiquillo sano y hambriento que amaba profundamente a su madre que jamás dejaba de cuidarlo. Recordó su promesa, debía seguir, levantarse y caminar hasta llegar a su destino y lavar su cara del esa agua, el agua que siempre soñó. Su deseo estaba cerca, los anehelos de su infancia le hacían realidad. Sus ojos brillaban de nuevo con el cristalino de las lágrimas que se acumulaban. Y así se levantó aquél hombre enfermo, dio los primeros pasos y dejó atrás todo lo que le ataba. Su destino estaba cerca y a lo lejos un hombre se veía caminando, un hombre que se perdía en la lejanía de un sueño anehelado que estaba a punto de hacerse realidad.

jueves, 20 de marzo de 2014

Una mañana, 7:30 a.m.

Un mañana cualquiera, dos personas en la misma cama, durmiendo y sin ropa. 7:30am despierta la primera y mira a la segunda por largo rato sin que la otra persona pueda notarlo siquiera porque los sueños son su única realidad momentánea.

7:40am sigue despierta, pensando, pensando que las mentiras son una reverenda mierda. Se pregunta para si <¿Por qué me miente? ¿Será acaso que ya no me ama? ¿Será que ahora le gusta alguien más?> detiene sus pensamientos, para entonces ya está lo suficiente herida como pra seguir cavilando y cuestionando más pero ya no hay marcha atrás, está triste y confusa, recuerda que lleva días, meses, sintiéndose terriblemente sola y que la otra persona lo único que puede hacer es mentir y miente a mente fría que es igual a matar a sangre fría. Privando a otro ser.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Un día terrible termina con una sonrisa

Volvía a casa después de las clases, el sol aturdía mi cabeza con esos rayos tan pesados que me atravesaban el cráneo. Caminaba lento, paso tras paso con la mirada perdida en el suelo y la mochila colgada de mi hombro derecho mientras pensaba lo terrible que había sido mi día y ordenaba cada una de las cosas que me habían pasado en el transcurrir.
 
En la mañana me despertó mi reloj con alarma de campana veinte minutos antes porque algo le falló, decidí pasar esos minutos en la cama pero cuando giré el cuerpo hacia el otro lado y pude mirar la pecera que tengo sobre un buró descubrí que mi pez flotaba en la superficie con la panza para arriba, estaba muerto. Tuve que levantarme para sacarlo y darle una pequeña despedida que lo llevaría al cielo de los peces por la taza del baño. Decidí bañarme de una vez y sin tocar el agua siquiera me introduje a toda velocidad, estaba totalmente fría, algo pasaba con el calentador. Entre brincos y temblorina logré terminar. Me vestía con el típico uniforme escolar, tomé las calcetas y una de ellas estaba rota, así la dejé pues las demás estaban sucias. Bajé a la cocina, mis padres ya no estaban pero la nota de mamá decía: "Tuvimos que irnos temprano pero ahí te dejé el desayuno" En la mesa estaba un vaso con jugo de naranja, fruta y un delicioso sándwish. Tomé asiento y comí con toda tranquilidad. Escuché un ruido raro, me levanté para revisar y en el acto pise la cola del gato que había estado oculto bajo la  mesa, éste chillo tan fuerte que salté del susto y derrame todo el jugo sobre lo que restaba del sándwish y la mesa. -Largo de aquí Nereo- le grité para ahuyentarlo. Estaba de malas, con el desayuno arruinado y todo el jugo derramado. Limpie y subí a mi cuarto por la mochila, al menos mi uniforme estaba intacto. Salí de mi casa y camino a la escuela un autobús que iba muy aprisa me mojó con un charco de agua de la calle. En la clase, la maestra de inglés puso un examen sorpresa y el de matemáticas llenó el pizarrón con tantos números que dejé de entender cuál era uno y cuál era dos. En el receso no hubo desayunos, la señora que los hacia estaba enferma y sólo ofrecían galletas y chatarra empaquetada. Compré un jugo de uva que estaba al tiempo y contemplaba mi entorno mientras escucha como rugía mi estómago de hambre. Cuando regresé al salón descubrí que un compañero había tirado accidentalmente pintura sobre mi silla así que tuve que cambiarme de lugar y quedar justo frente al escritorio de los maestros. La de español pedía la tarea y fue una sorpresa recordar que había olvidado guardar la libreta de la materia. Una vez fuera de clases, caminé bajo los rayos intensos del sol y pisé un chicle sin querer que era tan azul como el cielo.
 
Estaba a una cuadra de llegar a casa, revisé mi zapato para checar que ya no tuviera más rastros de chicle y en el acto, un billete de cien pesos apareció justo a mi lado, lo tomé y miré a mi alrededor para asegurarme de que no estaba alguien por ahí buscándolo. Todo estaba vacío así que seguí caminando y sonriendo porque al parecer mi día estaba mejorando. Entré a casa y escuche la voz de mi padre hablando con mamá -Sólo caminé una cuadra a casa de Jorge y cuando regresé el billete ya no estaba en mi bolsillo- Entendí todo y le dije a mi papá -Acabo de encontrar un billete tirado afuera de la casa del vecino- se lo di y subí las escaleras con los ánimos por los suelos. Mis padres me dijeron algo pero no puse atención, abrí la puerta de mi recámara con el único objetivo de tirarme en la cama pero una gran sorpresa me llevé cuando miré que justo sobre la cama había una paquete forrado con un lindo color blanco y un moño dorado, llevaba una nota que decía "Mi amor, tenemos ésta sorpresa para ti, es algo que deseabas mucho. Disfrútalo. Te quieren Papá y Mamá" Estaba feliz, abrí la caja lo más rápido que pude y encontré aquella maravillosa sorpresa. En definitiva, mi día ya se había mejorado.

lunes, 25 de junio de 2012

Elli Ateş

- Vengo a despedirme.
- ¿De verdad te irás del país?
- Sí
- ¿Por que?
- No puedo hacer más aquí
- ¿Y yo qué?
- Tú estarás bien, lo sabemos.
- Claro que no.
- Sólo vine para despedirme de ti. No hay rencores.
- No, no lo acepto.

Me acerqué lento a su cara para depositar en sus labios el último beso que sellaría para siempre el pacto que alguna vez hicimos. El pacto que ella destruyó dejándome a mí en el peor de los estados. Estaba por cerrar el círculo y marcharme, pero de nuevo, intenté hacerle ver que la amo, que la amé. Y en ése último intento, con la atmósfera densa y el silencio presente de repente para dejar ante mí sólo sus labios, perdí la razón, se me cayó el miedo y el orgullo, desapareció la ira y la confusión. Yo me iba y ella se quedaba con todos esos recuerdos que no cabían en mi maleta, yo se los dejaba junto con ése beso. Pero el bloque de hielo se partió, el crujido con eco me dejó en sordera, se me fue el habla y la respiración. Me quedó el corazón acelerado y las manos temblorosas por tantas emociones juntas. Ella se alejó por última vez, rechazando ése beso eterno que yo ofrecía con la guardia baja y el corazón en alto.

- No quiero
- Tengo que irme. Adiós.

Me fui y no tuve el valor de mirar atrás, mirarla sería encarcelarme otra vez. Caminé sin expresión, sin sentido y el llanto me acompañó hasta que se fue sin que yo me diera cuenta dejándome un vació interior. Fue el último intento, era el último beso, fue la última mirada, el último rechazo y desde hoy es con ella mi último dolor.

martes, 22 de mayo de 2012

La Danza de Papel

Colores en el cielo van bailando con el aire.
El aire mueve los colores ambulantes.
Un danza espontánea y natural, 
dragones, mariposas van bailando sin cesar. 

Carcajadas infantiles en el cerro iluminado.
Corren y corren, están animados.
Los tambores viejos van sonando y
mira los dragones se alejan entonados.

Una tarde tranquila y alegre,
se reúnen en aquél lugar, 
hombres y mujeres suben
a ver los colores bailotear. 

Libertades con el viento.
Yo agarro a mi animal muy bien,
no sea que se me vaya y 
no sepa jamás de él.

Cuando el aire recio ha calmado
y la luna blanca su cara asoma
jalamos de las largas colas
de nuestros juguetes de papel.


miércoles, 16 de mayo de 2012

Caminando con Elvis

Estábamos en aquél bar de la Sidney Av. con su estilo campestre. Los murmullos de todos los que nos hallábamos concentrados se reducían por los altos graves y agudos de la rocola sesentera. La luces neón de varios colores me hacían pensar a ratos que estaba en la cabina de alguna nave extraterrestre y que los bailarines de la pista, con esos movimientos exóticos, eran aliens enfermos que convulsionaban con el sonido de la música. Como en Los Marcianos Atacan, temía que en cuestión de segundos cayera sobre mi tarro de cerveza el moco verde que vuela cuando les estalla el cerebro. 

Elvis, dentro del enorme cuadro, me miraba fijamente a los ojos y decía -Sácame de aquí, no lo soporto más. Pero yo no podía hacer nada.

Tú estabas frente a mi, tan guapo como siempre. Llevabas la chamarra del ejército, la misma sobre la que lloré hacía tres años antes de que te fueras a la guerra. Tu rostro cambió, te veías más duro y menos expresivo. No sonreías y te perdías dentro de la profundidad de tu vaso con hielo y Whiskey. Recordaba perfectamente cada una de las cartas que me habías enviado y con exactitud todo lo que contesté. Al principio decías que volverías y que después, podríamos estar juntos. En las últimas me robaste las esperanzas, conociste a alguien, Lily. 

Yo no supe qué hacer cuando recibí hace quince días tu carta después de meses sin saber de ti, escribiste claramente que volvías. Me sentía emocionada, feliz. Tal vez Lily, tu novia alemana y secretaria del coronel había pasado a la historia y regresabas a salvar nuestras promesas de amor.

Me saludaste con un beso en la mejilla y me contabas todo lo que habías pasado en el ejército. Pero estabas triste, preocupado, lo supe desde el primer momento en que te vi. De pronto, suspiraste y tomaste de un trago todo el contenido de tu vaso y casi, como planeado los Righteous Brothers comenzaron a cantar, a través de la luminosa rocola, Unchained Melody y presentí algo, sentí que mi espina dorsal se enderezó y conjuntamente recordé fragmentos de Ghost. Inesperadamente tomaste mi mano en ese momento y me llevaste a bailar. me abrazaste y recargué como antes mi cabeza sobre ti. Tenía ganas de llorar y no podía entenderlo, entonces te acercaste a mi oído y dijiste, con la suavidad de la seda - Nunca he dejado de amarte, todos los días que llevo sin ti han sido una muerte lenta que me apaga el corazón, lo hace lento. Guardo tu fotografía siempre en mi bolsillo izquierdo y al dormir, bajo la almohada. Y fui yo quien robó tu perfume, rocío siempre un poco en mi muñeca para sentir, al olerlo, que estás conmigo. Mentí, no siento ninguna atracción por Lily, nunca la he amado. Ella además se de ser la secretaria del coronel, es su esposa y una buena amiga. Te mentí, quería que me olvidaras. Pero me di cuenta, que yo nunca pude olvidarte, tu recuerdo se aferraba a mi carne y me rasgaba la piel todos los días cuando intentaba desprenderlo. Nunca olvidé tu voz, tus ojos o tus manos y lloraba, lloraba algunas noches anhelando tan solo un beso tuyo. Pero todo esto tengo que guardarlo y tu debes fingir que no escuchaste nada de esto porque no puedo quedarme. Debo volver a la guerra, mis tropas irán al frente, ahora soy sargento y de ésta, no sé si volveré. Tampoco quiero que me esperes porque tal vez ya soy ahora un fantasma.

No pude contenerme, de nuevo derramé lágrimas sobre tu chamarra, desdichada porque te ibas. Entonces tomaste mi cara para secarla con tus pulgares y me besaste con todo el amor que tenías y yo te besé con todo mi ser. Recargaste tu frente en la mía, me miraste tomando mi cara con tus dos manos y agregaste -Tengo que renunciar a ti porque te amo demasiado y yo no estoy seguro si volveré. Por favor no me esperes, no guardes esperanzas y continúa con tu vida, tengo que irme- me besaste de nuevo, caminaste a nuestra mesa y dejaste encima unos dólares. Yo quedé sola e inmóvil en la nave con luces de neón y extraterrestres bailando. Pude ver como cruzabas la puerta y sentí el vació, el efecto del alcohol me paralizó y todo ese humo de cigarrillo me mareaba. Regresé mi vista a Elvis, me acerqué a él y desprendí el cuadro tan rápido como pude. Lo coloqué bajo mi brazo y salí del lugar. En la calle oscura y sin ruido, con los oídos sordos y el frío calándome, caminé con Elvis, ambos, estábamos solos y le conté lo que pretendía hacer.

lunes, 7 de mayo de 2012

Mirada Violeta

Desde lo alto de la torre miraba el reflejo de la luna sobre la oscuridad del mar, la negrura de la noche llenaba con silencio cada centímetro y su cabeza todavía confundida se perdía en la lejanía y los brillos que cada movimiento del agua le mostraban.

Ya no recordaba su verdadero nombre, lo dejó ir sin resistirse porque ahora tenía miedo. No era la misma y todo se le marchitaba. No era joven, pero su largo cabello blanco y su esbelta y alta figura demostraban todo lo contrario. Mostraban a una princesa de apenas veinte años aunque sus ojos siempre lo negaran. La sabiduría poco o nada puede ocultarse.

Nunca se había enamorado realmente y la soledad como siempre, su mejor compañera y la luna, su única y verdadera amiga.

El ruido de las olas golpeando en las enormes rocas de la costa apagan sin remordimiento la prudencia del cielo azul oscuro y ella regresaba la vista a lo que sus ojos veían. Los años avanzaron sin anunciar nunca que el tiempo tenía consecuencia y su repentina mortalidad traía consigo a los siglos espirituales que ya habían transcurrido. El universo reveló a ella algunos de sus más grandes secretos pero uno a uno se disfrazaban de perplejidad y confusión.

Dejó pasar las horas, aún conservaba el mal hábito del insomnio y las pocas horas que acostumbraba de sueño. El sol mostró lentamente los primeros rayos de luz que auguraban el alba y que iluminaban su mirada perfecta y triste.






domingo, 6 de mayo de 2012

Ahora, Nada.

¿A partir de dónde el ser humano puede sentirse completamente acorralado?  

Entró a su casa y cerró la puerta con un azotón malhumorado. Todo se quedaba fuera y ahora, al fin se observaba completamente solo, rodeado de la cálida y tranquila atmósfera que tanto disfrutaba. Encendió la chimenea y echó dentro la caja que llevaba cargando desde la mañana. Sabía que no era nada bueno lo que hacía, pero ver consumir por las llamas todos esos libros y papeles lo liberaban de la angustia que llevaba metida hasta los zapatos. Después de ocho años laborando como un exitoso gerente, de haber visto el dinero incrementarse a sus anchas, de viajar a diferentes partes del mundo cada vez que acumulaba días de vacaciones, de comprar los mejores autos y vivir en una hermosa casa, se queda parado con las manos en los bolsillos y completamente desempleado. No podía mirar hacia el futuro porque el pasado y el presente de hace algunas horas lo atormentaban, de repente todo se fue y quedó expuesto a la nueva realidad, de golpe, sin previo aviso y la nueva vista angustiaba, agitaba. 
Pasó su vida por su mente en cuestión de minutos y de nuevo, estaba varado frente a la flameante llama caliente, con las manos sudorosas y la garganta seca, como un desempleado más. Sus esfuerzos fueron derrumbados como las mismas torres gemelas que, nos se cayeron, las tiraron a golpes.
Abatido y sin ganas, avanzó hasta el sofá que lo esperaba frente al fuego, se arrojó en éste y cerró los ojos. En ese momento él no podía pensar sólo sentirse desdichado por todo lo que se iba de las manos.
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?





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miércoles, 11 de abril de 2012

Anécdota: La Estúpida

Ay por favor, no seas ridícula.

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No seas Ridícula --> ERES RIDÍCULA --> SOY RIDÍCULA

         Expresarlo abiertamente después de explotar como última salida me hace quedar como una pendeja.

         Después no puedo decir más, NO escuchas, me ignoras y tú tienes la razón. De nuevo quedo como pendeja.

          Y termino sola, tirando lágrimas secretas aunque con ganas de que las vean y ENTIENDAN el significado de cada una. Oculta, escribiendo y quedando siempre como una pendeja.


- ¿Puedo salir del nido mamá?
- No seas ridícula, yo no te lo permito.


                                                                                                                                                F I N

domingo, 15 de enero de 2012

Acción Tardía

Se levantó de aquél sofá viejo de color café que se encontraba secreto en la parte más renegrida del sótano. Se detuvo unos instantes para mirar el infinito, enorme frente a él. Su cara inexpresiva, mostraba una seriedad profunda, de esas que indagan en sus propios pensamientos. El olor a viejo saturaba cada rincón y todo era más gris a causa del polvo adherido a toda superficie. 

Él estaba listo, lo decidió por la madrugada al compás de los discos de vinilo y los tragos de coñac que uno a uno, agregaban osadía al anciano. Después de tanto tiempo saldría al mundo porque la soledad a la que las pasadas inseguridades lo habían envidado le costó años de su vida.

Elevó los brazos para estirarse, los huesos le tronaron y la sinfonía quedó completa con el quejido de placer que emitió. La seriedad inmóvil le retornó y entonces, las comisuras de los labios le temblaron. Por completo los labios vibraban como si dentro de ellos una ciudad fuera devastada por un sismo y sin más, se formó una sonrisa tímida pero segura, una sonrisa sin retorno.

-Llegó la hora.

 Dió unos pasos hasta llegar a un diminuto tocador que se iluminó con una luz tenue y agradable. Tomó unos frascos de maquillaje viejo y llenó su cara con una delgada capa de pintura blanca. Un labial gastado asomó la cabeza y delineo sus labios de negro.

La música alegró el lugar, las trompetas y tambores del big band salían del tocadiscos esforzandose por sonar con ímpetu para transportar a los años pasados a todo aquél que lo escuchara.

El anciano sacó un traje esmoquin descolorido de un ropero que apenas podía sostenerse, la vejéz le obligada a deteriorarse como los demás objetos. Terminó de vestirse, se calzó unos brillantes zapátos negros de charol, introdujo un pañuelo color vino en la bolsa izquierda del saco y arregló lo mejor que pudo el pequeño moño que rodeó su cuello.

Tomó un sombrero de copa alta y lo sacudió para colocarlo sobre su cabeza, un poco inclinado. Se peinó lo que le quedaba de cabello y el bigote. Sacó de entre una pila de cajas un maletín verde olivo y despegó de la pared un poster medio despintado que enrolló y colocó bajo el brazo.

Con sus cosas en mano, subió las escaleras y salió del lugar cantando y sonriente. Bajo la manga llevaba una larga varita y unos naipes. Los grandes secretos siempre se guardan ahí.

Cerró la puerta y en ésta otro poster pegado, idéntico al anterior que decía:

Bienvenidos al Show de:
El Mago Oscuro
Fantásticos actos nunca antes vistos.
Funciones Sorprendentes. Revelando los grandes misterios.


 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Pesca

Se adentró al mar, luchando contra espesas olas. Controló el peso de la conciencia y arrojó el combustible orgánico al corazón. Esto alentó su motor para afrontar las consecuencias. Corria peligro, más que otras veces, pero, pelear contra la tempestad siempre ha sido la misión.


Tres bocas que alimentar con el pescado fresco que halláse perdido entre la tormenta. Entrará en su vieja red en busca de refugio sin poder escapar después de su verdadero destino.


Pero esa carne no entra a su boca, porque su vida poco le importa. Ha asignado valor, comerán las que importan más. No, no es un caso cruel, así manifiesta su amor sin que lo noten. Sonríe y traga saliva. El estómago lo tortura y recurre a la fruta pequeña que a veces encuentra. Ellas no se dan cuenta. Pero él, ese joven de 18 años es el hombre. Él debe cuidar a mamá y sus dos hermanas. Por eso toma su lancha y sale a pescar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Vampiro que en su intento se hizo Murciélago

Nombre: Vampiro
Ubicación: No Revelada
Foto tomada por mi.
Edad: 343 años
Origen: Desconocido 











Una noche como cualquier otra, andaba por ahí, perdiendo el tiempo, de repente pude ver algo pequeño y oscuro que caía del cielo, cayó de golpe al suelo y corrí para saber de qué se trataba. Gran sorpresa me llevé al descubrir que se trataba de un pequeño y simpático murciélago, no pude evitarlo, le tomé fotos.

—Hey, no más fotos por favor, eso de la farándula nunca ha sido lo mío — dijo aquél.

—Discúlpeme si lo he molestado — conteste algo avergonzada.

—No te preocupes, sólo ¿En dónde estoy? He pasado algunos días volando intentando la transformación y sólo conseguí perderme.

—Yo también estoy perdida, seguía una luz en el cielo que ya desapareció.

—Bueno, es evidente que nos encontramos en la misma situación.

— ¿De qué transformación habla?

—Verás, soy un Vampiro, tuve un encuentro con una bruja que me ha hecho un conjuro y ahora no puedo convertirme.

— ¡Un Vampiro! ¿Cómo Drácula?

—No chiquilla, Drácula es un presumido, sólo está interesado en la fama. Yo soy uno anónimo, uno que busca aventuras y conocimiento.

— ¿Cómo un expedicionista?

—Sí, bueno, algo así.

El vampiro parecía muy cansado, apenas y podía mover sus alas, hizo tres intentos más para volar y volvió a caer quedando, casi, en la misma posición.

— ¿Puedo ayudarlo? — le pregunté apresurada.

—Abre tus manos, subiré a ellas y me arrojarás, de esa forma intentaré emprender vuelo.

Y así lo hice, tenía una piel muy suave. El pequeño aleteo con fuerza para conseguir al fin elevarse, echó una risotada y se posó en las ramas de un árbol.

Agregó —Desde aquí será más fácil.

— ¿A dónde desea ir? — pregunté

A buscar a la bruja, le picare los dedos de los pies para beber de su sangre y romper esta maldición.

¿No tiene miedo?

No, puede herirme, hacerme su prisionero, intentar con otro hechizo, pero no puede matarme, dicen que ha conseguido la forma de eliminar vampiros pero, si eso es real necesitaría al menos un mes para lograrlo y para entonces yo habré ya escapado.

Me gustaría acompañarlo, tampoco he visto una bruja antes, pero no puedo volar.

De poder convertirme mordería tú cuello y podrías ir conmigo, pero de serlo seguramente no estaría aquí hablando contigo.

Espero verlo otra vez, hasta pronto y buen viaje.

He guardado tú aroma, alguna noche te visitaré cuando mi tormento termine y entonces podré enseñarte todo lo que yo sé. Adiós y Gracias por tú ayuda. Por cierto ¿Cuál es tú nombre?

Alejandra.

Hasta pronto Alejandra, nos veremos en algún tiempo.

Adiós.

        Yo aún espero para volver a verle, ojalá que todavía me recuerde por que yo, yo no olvido su tierna cara de muerciélago.




martes, 15 de noviembre de 2011

Vendetta

          Miré al rededor, todo continuaba en la misma penumbra. No escuchaba nada; llegué al infierno y estaba bajo la tierra en solitario, empapado en sudor, sediento. No podía hablar muy bien, tenía imposibilitada la boca y las extremidades. Poco a poco recuperé el sentido — ¡Estoy Vivo! Me acostumbré a la oscuridad y noté algunos relieves negros; figuras amorfas estaban frente a mí, secreteando, hablando de mí. Las punzadas intermitentes en la cabeza se encajaban, avanzaban por los nervios de cada parte de mi cuerpo, sentía dolor al máximo, estaba golpeado. Llegó hasta mi nariz el bizarro olor metálico de sangre, fue tan fuerte que me sentí mareado e imagine las manchas rojo-oscuro secas con la piel molida. Intenté zafarme hasta que concluí que estaba sentado en una silla muy incómoda, atado de tal forma que tenía acalambrados pies y manos que se ubicaban detrás de mí, en la espalda.
         — ¿Qué me pasó?, ¿En dónde estoy? Es imposible desatarme, no podré conseguirlo— dije para mí; la desesperación embargaba mi ser, me balancee para intentar moverme pero en el acto caí al piso hacia el lado derecho, aplastándome el brazo, grité y lloré hasta que me quedé dormido.

          Abrí los ojos, pensando antes que todo había sido una pesadilla pero, la decepción fue grande cuando supe, si es que la vista no me fallaba, que me encontraba situado en el mismo lugar. Ya no estaba en el piso, alguien levanto mi silla. — ¿Hay alguien ahí? Auxilio por favor, te daré dinero, tengo casas— vociferé con fuerza  y dificultad pues tenía algo que me prensaba la boca, parecía un pañuelo o algo de tela, no obtuve respuestas. No podía recordar lo que había pasado, no tenía idea alguna del por qué me encontraba yo en tan menesterosa situación. —Dios, ayúdame por favor, soy tú hijo perdona mis ofensas.

          Pasaron algunos minutos, tal vez fueron horas. Se me cuarteaban los labios y la garganta seca. Escuché algo, un leve sonido, el corazón se me aceleró, alguien estaba cerca. El ruido aumentó y de pronto una luz en forma rectangular y en medio la silueta de una persona, debía ser un hombre por la corpulencia. Avanzó un poco a un barandal de una escaleras, dejó la puerta abierta con esa luz cegadora y bajó.

          Se posó frente a mí, no pude distinguir su cara pero se acercó lo suficiente para que pudiera notar algunos detalles, llevaba una barba larga y un sombrero, algo llevaba en la mano.
          — ¿Quién eres tú? ¿Por qué me tienes así?— reclamé indignado. El sujeto no hizo más que darme una cachetada y quitarme la mordaza de la boca. — ¡Por favor, libérame!, te juro que conseguiré dinero, todo el que necesites.
        — ¡Así que tú piensas que esto se trata de dinero! estás muy equivocado. Esto se trata de venganza y la venganza no tiene precio.
        —Yo no te conozco, no te he hecho nada. ¡Me confundes! suéltame por favor.
       —Eres una basura, morirás porque así debe ser y tu carne se agusanará y tú alma estará eternamente ardiendo en el infierno; yo te mataré y también iré ahí para seguir destruyéndote, aún después de la muerte.
       —Por favor, suélteme— supliqué llorando, tenía miedo, mojé los pantalones.
       —No implores, morirás.
       —¿Por qué? ¿Por qué me odias y quieres matarme?
       —Ahora tienes 38 años y eres una basura, ya lo eres desde siempre. ¿Recuerdas tú vida a los 16? Soy el padre de Rosy, la niña que murió por tu culpa a los 10 años. La niña a la que con engaños llevaste lejos, invitándola a jugar y violaste, destruiste su vida y la mía. Huiste después, tus padres adinerados no podían permitir dañar la reputación familiar.

        Quedé callado, recordé el incidente, el mismo que no me deja dormir por las noches, el mismo que me hace llorar y odiarme, el mismo que me recuerda que yo no merezco vivir.

          —Yo sé que te arrepientes, pero ya no tiene solución. Te he visto en la iglesia, imploras por tú perdón. Ella se suicido, una niña no hace eso, una niña piensa en juegos. La amarraste, jugaban a los ladrones, después levantaste su vestido, ella te preguntó qué hacías, la engañaste de nuevo, le dijiste que jugarían al doctor y la tocaste ella se quejó, no quería, estaba asustada. La obligaste a callarse y como no cedía metiste uno de tus asquerosos calcetines a su boca, tomaste sus delicadas piernas, la abriste para penetrarla un sin fin de veces, lastimándola, robándole todo en la vida.
         — Señor, perdóneme, lo juro que yo jamás me he perdonado por eso, en ese mismo instante yo ya me sentía miserable. Llegué a mi casa, tomé una de las pistolas de mi padre y la puse en mi boca, quise jalar el gatillo, pero ellos llegaron y me detuvieron, les conté todo y nos fuimos— las lagrimas me escurrían, desgarré la garganta en un chillido.

         El hombre levantó el brazo y coloco dentro de mi boca una barra fría, era una pistola y agregó —Hoy te cumpliré el deseo, te volaré los sesos.
Tomé un último respiro, pedí perdón otra vez, a él y a Dios. Mi vida estaba por terminar y entonces...


        ¡BAAANNGG!


        Morí. Mi cerebro quedó derramado por la pared y el piso. Es lo que merezco, es lo justo.














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                                             Esa Maldita Yo

lunes, 14 de noviembre de 2011

Dave y Yo

Trepábamos por las ramas del árbol acomodado en la cima del peñasco. Éramos unos niños. Mirábamos siempre el río viajando hacia el este sin desorientarse y nos invadían las ansias por escapar con él.
Los intentos de huida se frustraban cuando nos perdíamos en el bosque, en busca de la ciudad formábamos brechas al rededor de los espacios conocidos para terminar siempre en el mismo lugar después de andar en círculos así que, localizábamos alguna sombra y nos sentábamos a devorar emparedados, el viento siempre fresco terminaba llamando al sueño y al despertar nos mirábamos fijamente para soltar casi instintivamente la carcajada que burlaba nuestro estado somnoliento.
Los veranos de pesca, las navidades con juguetes de madera que sabíamos, los fabricaba tu padre, la torta de frutas que mamá horneaba los domingos, tu gorra vieja y descolorida, la risa que me provocaba verte correr tras las ardillas, jugar con Rudy el perro del señor Javier y buscar los tesoros ocultos en la cueva, mi gran felicidad también la tuya.
Te he querido siempre, alguna vez dijiste que nos casaríamos y viviríamos juntos en una casa maravillosa, tan niños y yo no lo creía, pensaba que estabas loco.
Mi infancia feliz y efímera terminó, la vida me hizo madurar repentinamente arrancándome un trozo de mi, llevándote a ti. Han pasado 10 años, todavía vengo al río a llorarte, justo ahí te ahogaste intentando rescatar uno de mis zapatos. Ahora ando siempre descalza para no recordar la pena. Te amo, te amé y tallo en este árbol nuestros nombres, hace mucho que tu lo hiciste con la navaja pero, remarco, no debe borrarse nunca nuestro pacto.

Dave & Lucia
1956

viernes, 11 de noviembre de 2011

La bombilla

Febrero 2001, 2:25am

Adriana comenzaba a sentirse cansada, llevaba algunas horas escribiendo y faltaba poco para terminar su noticia. Debía enviar su trabajo al correo del diario antes de las 4am así que decidió tomarse un descanso, aun le quedaba tiempo suficiente para pulir los detalles. Se levantó del escritorio y se estiró, tomo la taza vacía y caminó atravesando el cuarto iluminado por una tenue claridad que apenas alumbraba el tono café claro de las paredes, prendió la luz de la cocina y se apresuró a encender la cafetera, se recargó en la barra para esperar, movió los dedos de la mano y se quitó los lentes. 

El silencio sonaba poderosamente y lo único que podía alterarlo era el ruido que producía el chorreo de café sobre la base de vidrio y su propia respiración. En un instante la atmósfera la embriago y cerró los ojos por un momento.

Tii-Tii-Tii el café estaba listo, bostezó y se estiró de nuevo para proceder a servirse. Un ruido interrumpió su actividad y en un instante el lugar quedó a oscuras, movió el interruptor pero la bombilla no encendía, pensó que tal vez se había fundido. Como pudo se sirvió café y regresó a sentarse frente a la computadora. Dio un sorbo y se sintió irritada por el foco, debía comprar uno nuevo para cambiarlo. Retomó su trabajo y tecleo. No era una noche de trabajo diferente a las demás, todo parecía tan familiar, hasta que… 

El reproductor de música comenzó a sonar y la pantalla del ordenador quedó negra, Adriana pegó un pequeño brinco y por error derramó el café, abrió los ojos al máximo hasta mostrar en su totalidad el blanco que rodea el iris, instintivamente el corazón se le aceleró y se sobresaltó, poco a poco normalizó los sentidos, se levantó de la silla y miro a su alrededor.

 – Maldición, la computadora está fallando – se dijo para tranquilizarse y afirmar que sólo era cosa de problemas técnicos. Suspiró y giro la cabeza a todos lados. Movió el mouse y el silencio regresó junto con la hoja del procesador de textos, - Que extraño.

Volvió a la cocina en busca de un trapo o toallas de papel para secar, era una suerte que la taza no se hubiera caído de lo contrario se abría roto. Intentó encender la luz y recordó que minutos antes se había fundido. –Rayos, esto es un desastre- dijo casi gritando. 

Tanteo algo que sirviera y mientras lo hacía una puerta se cerró de golpe, era la puerta del mismo cuarto en el que el café yacía empapándolo todo. - ¿Qué mierda sucede?- gritó sorprendida y camino lentamente olvidando por completo lo que buscaba. Forzó la puerta pero estaba atorada, movió la perilla, jaló y empujó pero no conseguía abrirla, la preocupación invadió sus pensamientos, sentía que la noche se ponía en su contra. Recargada de espaldas a la puerta pensaba en alguna forma de abrir pero no conseguía armar una estrategia. Un vientecillo le recorrió el cuerpo, sentía frío y provenía del pasillo que se hallaba a su izquierda, 
- Tal vez dejé una ventana abierta y el aire al entrar azotó la puerta. A pasos lentos caminó hacia las demás alcobas que se encontraban distribuidas en el pasillo, una contigua y frente a esta el baño, al final del pasillo y quedando justo adelante de ella otra más grande y en la que tenía su pequeña biblioteca. Se aseguró que todas las ventanas se encontraran bien atrancadas, faltaba inspeccionar el último cuarto, dudó en abrir la puerta pues a pesar de que ahí pasaba muchas horas al día leyendo, esta vez tenía un presentimiento extraño. Juntó la mejilla e hizo el esfuerzo por escuchar algo a través de la madera, la puerta chilló un poco e intentó agudizar el oído. Todo se encontraba en perfecta normalidad, regresó la mirada hacia el inicio del pasillo y volvió sobre sus pasos. Entonces quedó paralizada, completamente petrificada cuando escuchó entre susurros su nombre, -Adriaanaa.

El cuerpo le temblaba intentó hablar pero las palabras no le salían de la garganta, clavó los ojos en el piso, no se atrevía a mirar al frente. Permaneció unos segundos así hasta que logró conseguir valor y levantó la mirada para encontrarse con una figura alta y oscura, lo único que sobresalía eran unos ojos rojos y brillantes que se le acercaban. Quiso correr pero no pudo, el ente seguía avanzando hacia ella, sin dudar, sin detenerse. Era como si flotara, como si estuviese volando para atraparla y al encontrarse a unos centímetros frente a ella estiró lo que parecía su brazo y trató de tocarla, pero antes de rozarla, sonó un Tii-Tii-Tii. Era la alarma de la cafetera que anunciaba que el líquido estaba listo.

Adriana abrió los ojos, aun se encontraba en la cocina, recargada sobre la barra, esperando el café. Se sintió aliviada, todo había sido un sueño, pesadillas. Examinó su alrededor, la puerta del cuarto estaba abierta y tenía la taza junto a ella. Suspiro y una pequeña y discreta sonrisa le salió de entre los labios para terminar con una carcajada un poco alterada. Se sirvió el café, apunto estaba de dar el primer sorbo cuando escuchó que algo tronó y quedó a oscuras, la bombilla había estallado.





                                                                                        Esa Maldita Yo

miércoles, 26 de octubre de 2011

Otoño

Me asomé por la ventana, quería comprobar que habías regresado después de un año, un ligero viento entró, avanzó hasta el escritorio y arrojó al suelo algunos de mis poemas. La calle estaba adornada con una alfombra rojiza, eran todas las hojas que cansadas se habían soltado de los árboles para volar. Los niños abrigados jugaban entre las montañas que los padres formaban al barrer y otras hojuelas elevaban el pecíolo para intentar el viaje, otra vez.
El pequeño cactus, sentado en el piso del balcón perecía sereno, el no perdería sus espinas. Cerré por completo el ventanal y recargada de espalda sobre el cristal  contemplé algunas pinturas y fotografías que adornaban la pared de mi cuarto. Las caras conocidas sonreían entre las figuras que en el pasado creé con pínceles y recordé, entonces recordé.

Que bonito día para salir a jugar con el Otoño que al fin llegó, porque siempre que termina lo espero yo con muchas ganas, porque casi siempre es aquí donde hay cambios en mi vida, porque aquí todo muere y volverá a crecer.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Tereseando

           Todo lo que a continuación será narrado es mera ficción sacada de alguna parte de mi mente pero, no por ser ficción significa que la realidad queda absuelta del caso.



          Un chico, Carlos, una chica, Verónica,  se conocen, toman un trago, se hacen amigos y al tiempo terminan haciéndose novios.

V.- Amor, ¿Me compras un helado? se me antojó uno de chocolate.
C.- Claro que sí mi vida, todos lo que quieras, vamos.
V.- Cielo, mira que oso tan bonito y suave, hay, que lindo está, creo que quiere irse conmigo.
C.- Tómalo, yo te lo compro.
V- Gracias, será como nuestro hijo y se llama Carlitos.

C.- Recuerda que en tres días es la fiesta de mi primo.
V.- Yo no tengo muchas ganas de ir
C.- ¿Por qué no? quiero que toda mi familia te conozca.
V.- Por eso mismo, no tengo ropa adecuada y no quiero quedar mal ante ellos.
C.- Princesa, no seas tontita, vamos ahora mismo a comprarte ropa, toda la que quieras.
V.- ¿ y maquillaje también?
C.- Sí y necesitas algunos pares de zapatillas que combinen con la ropa.

C.- Deberíamos irnos de viaje, tú y yo, solitos, sin trabajo, sin amigos.
V.- Mis vacaciones serán hasta Febrero y es Octubre.
C.- Lo sé
V.- Entonces no puedo ir.
C.- Amor, lo he pensado bien, no me gusta que trabajes en ese lugar, es demasiado para mi princesa.
V.- Yo necesito trabajar, no soy rica.
C.- Pero yo sí y no quiero que trabajes. ¿Y si renuncias y te doy una cuota mensual? será mucho más dinero del que ganas.
V.- ¿Harías eso por mi?
C.- Eso y más.
V.- Vámonos de viaje ahora mismo, pero, quiero que me lleves a Francia y nos quedemos en el mejor hotel.
C.- Claro.

V.- Extraño Francia y ahora con toda esa bella ropa que me compraste ya no quepo en mi casa.
C.- Tal vez deberías organizar mejor el guarda ropas.
V.- No, lo que necesito es un departamento más grande. Comprame uno cariño, será nuestro nidito de amor.
C.- Me gusta la idea, vayamos a buscar alguno.
V.- Pero que sea en la mejor zona, así e quedarán cerca todas mis amigas de la ciudad.
C.- Está bien.

C.- Quedó muy lindo tú departamento y mira que bella cama, querré dormir aquí contigo todas las noches.
V.- Sería perfecto pero bien sabes que no se puede, a tus padres no les gusta la idea de la unión libre.
C.- Lo sé, pero algunas noches me escaparé para estar contigo.
V.- Y como ahora vivimos cerca puedo ir a visitarte.
C.- Yo puedo venir todos los días pero me gusta que vayas a mi casa.
V.- el único problema es el transporte, casi no hay taxis por aquí. De seguir trabajando tal vez ya tendría mi propio auto.
C.- Si amor, pero ese trabajo no me gustaba para tí.
V.- Entonces regálame un carro, aunque sea pequeñito para ir a verte todos los días.
C.- ¿Irías todos los días?
V.- Sí
C.- No se diga más, mañana a primera hora vamos a comprarlo.

C.-Que bonito carro, ¿en donde lo compraste?
V.- Tonto, tú me lo has regalado.
C.- Es que tienes un novio que te ama. Por eso tienes uno de los mejores autos deportivos como muestra de todo lo que te amo.
V.- Eres el mejor, yo también te amo.

          Algunos meses después y muchos regalos más...

V.- Me encanta este restaurante, siempre ha sido mi favorito.
C.- Te traje porque necesito decirte algo muy importante. ¿Quieres ser mi mujer? ¿Te casarías conmigo?
V.- Sí, acepto.

V.- Amor, te agradezco que me tengas la confianza y hayas decidido que nos casáramos por bienes mancomunados.

C.- ¿Ves esa casa?
V.- Sí, está bellísima, es una mansión.
C.- ¿Te gusta?
V.- Sí, mucho.
C.- Es tuya, ahora ahí viviremos.
V.- Mi amor, gracias. Te amo, te adoro. Pero, ¿Qué pasara con el departamento?
C.- Pues ese departamento es tuyo, puedes rentarlo.

          Un año después. Carros, Viajes, Regalos, Ropa, Cruceros y demás. Carlos cedió la mitad de sus acciones a Verónica pues ella insistía que deseaba trabajar y ser útil.

V.- Carlos, necesito hablar contigo.
C.- ¿Sucede algo amor? ¿Necesitas ayuda con el trabajo?
V.- No, el trabajo está bien.
C.- ¿Entonces?
V.- Lo que pasa es... verás...
C.- Díme, tranquila.
V.- Últimamente me he sentido muy confundida, las cosas no están muy bien conmigo, creo que necesito espacio.
C.- ¿Espacio? pero, ¿por qué? ¿Qué he hecho mal?
V.- No, tú estás muy bien, pero, soy yo, necesito tiempo para organizar mis ideas.
C.- Verónica, yo te amo demasiado, te daré ese espacio que necesitas, no te cuestionaré me voy de la casa para que te sientas cómoda. 

C.- ¿El divorcio? pero, te dí el tiempo que necesitabas, ¿por qué ahora deseas irte?
V.- Esto es duro Carlos, también para mí, pero... ya no te amo.
C.- Verónica, amor, entiende, yo te amo, no puedo resistir la idea de estár sin tí.
V.- Lo siento, pero no puedes retenerme, es momento de que separemos nuestro camino.

          Carlos y Verónica se divorciaron, ella se quedó con la casa, el departamento, otros bienes que tenían fuera del país, dos autos y la mitad de las acciones. Carlos, perdiendo la mitad de todo lo que tenía y al amor de su vida, cayó en depresión y por poco se va a la quiebra, afortunadamente pudo recuperarse. 

         Verónica por su parte, incrementó su fortuna, se casó con un inversionista y vive muy feliz en España en donde tiene algunos amantes pues su marido no puede quedarse todo el tiempo en Europa por cuestiones de trabajo. Él la ama profundamente y confía ciegamente en ella.