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domingo, 18 de diciembre de 2016

La Guerrera y el Dragón

Caminó en linea recta sin siquiera girar la cabeza para ver si aún los demás enemigos le venían siguiendo. Estaba con la mirada fija al frente, un sólo objetivo, una sola oportunidad. Creyó que llevaba una espada en las manos dispuesta para atravesar el corazón del dragón color marrón claro. La feróz bestia le esperaba con la garganta caliente y sus fauces humeantes listas para atacar. Los campesitos gritaban a lo lejos -No, no lo hagas- pero la guerrera estaba decidida, debía matar a la criatura para liberar el poder que yacía dentro de ella, sabía que, aunque nadie se lo había dicho, era su destino para liberar su alma. Respiró profundo y al hacerlo cerró los ojos para concentrar su energía, exhaló todo el aire e inhaló al instante para que este aire le acompañara con un grito de guerra. Los lugareños seguían manifestándose -No lo hagas. -Detente. -Podemos ayudarte. -Por favor regresa. Pero ella no escuchó, corrió con todas sus fuerzas y levantó su espada al compás del grito triunfal que le guiaría hasta el corazón de la bestia, con todo su poder y seguridad rasgó la piel y atravesó sus entrañas para salir por la espalda del animal ya muerto. Ella abrió los ojos con la cara cubierta de sangre y al abrirlos, se vió cayendo del doceavo piso de un edificio desconocido. Como en cámara lenta observó la noche, sintió el aire frío fluyendo entre sus cabellos, escuchó los gritos de las personas acercándose al borde del techo por el que se había alejado. No sabía lo que estaba pasando pero entendió que la profecía se había cumplido, por fin sería liberada. Su cuerpo se giró entonces, vió las caras de las personas angustiadas y miró más allá, observó el cielo, las estrellas y a la luna. La besó con tanta dulzura que nisiquiera sintió el golpe al caer de espaldas sobre el asfalto y quebrar su cráneo, sus costillas, su columna. Murió con una sonrisa en los labios, murió feliz y victoriosa. Era libre.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Entre mis suspiros

Termino con la última palabra que sale de mis labios, apenas suena entre la oscuridad de la noche con lluvia y el silencio sonoro de tu respiración. Te he dicho más de mí de lo que debería, te he hablado más de lo que me he atrevido a escribir sobre la persona que soy. Atento contra mis adentros dejando de ocultar tantos secretos, sentimientos y estados. Sabes suficiente, lo necesario para saber cuándo debes quedarte y abrazarme con fuerzas o aguardar tras la puerta mientras me calmo. El Sábado pensé que harías lo mismo de siempre, no esperaba nada y tampoco me importaba pero entonces, sentí cómo me rodeaste y la  calidez de tus brazos la pude sentir fuerte, muy fuerte. No estoy segura de que me entiendas, en decir, a veces ni siquiera yo logro hacerlo. Pero cuando digo -te necesito- es porque realmente eso sucede, te necesito. No sé cómo, ni qué podrías hacer exactamente. Pero no cierres los ojos, no te duermas. Mantente alerta por ésta vez, cuida y vigila de éste insomnio que me agobia y no me suelta nunca. Dices que soy egoísta, debes levantarte temprano, lo sé, lo sé, pero olvida el tiempo y tus actividades, sólo quédate conmigo y no me dejes porque en verdad te necesito aquí conmigo, en éste instante, entre cada uno de mis suspiros. Tal vez decidí tomar más de tu confianza, no pude evitarlo, así pasó, así han sido las cosas. Intentaré moderarme, tú no puedes resolverme y eso me ha quedado claro porque concluyo, el insomnio no me deja dormir y aunque yo lo necesite y me obligue, simplemente no puedo. ¿Cómo hacer para que se vaya tu sueño? Yo no pude, tú tampoco y mi necesidad de ti muchísimo menos. Dices que son quejas, no lo eran, trataba de que pudieras abrir los ojos y es pasado, por ahora ya no importa porque así sucedió. Quiero que olvides cada palabra que pronuncié y cada sentimiento que te revelé, quiero que no lo recuerdes y quisiera que mientras estabas dentro de los sueños yo hubiera hablado con el aire, sola, sin que tú ni nadie pudiera oír, ni siquiera tu conciencia. Porque en la inmensidad de la noche, la mirada me quedó fija en el infinito, en dónde hay tanto que pareciera que no hay nada.

domingo, 6 de mayo de 2012

A Sua Voz à Distância


No escuchar tu voz me descontrola,
el canto me abandonó hace algunas noches junto contigo.
Las fronteras de la selva que imagino, 
se desvanecen y tú estás allá, en ese mágico lugar.
No hay más que decir, después de todo,
hemos dicho sólo palabras.
Atraviesas de alguna forma mi silencio,
lo rompes sin esforzarte y también me dan ganas de cantar.
No podemos mirarnos a los ojos sin contemplar las fotos. ¿Serás tú? ¿Seré yo?
En cada palabra se asoman verdades y secretos ¿Por qué tienes que estar tan lejos?
Entender un hola y un adiós nunca había sido tan maravillosamente complicado. Aprendo con cada frase tuya y tú aprendes junto conmigo.
Tal vez mañana encuentre tu voz de nuevo y me cuentes, a detalle, todo lo que has hecho en el día. Yo voy a escuchar con toda mi atención y cantaré, cantaré una vez más junto contigo hasta que las cuerdas vocales me revienten.

miércoles, 11 de abril de 2012

Anécdota: La Estúpida

Ay por favor, no seas ridícula.

Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula, Ridícula,  Ridícula,  Ridícula,  Ridícula,  Ridícula,   Ridícula,  Ridícula,  Ridícula,  Ridícula,   Ridícula, Ridícula.

No seas Ridícula --> ERES RIDÍCULA --> SOY RIDÍCULA

         Expresarlo abiertamente después de explotar como última salida me hace quedar como una pendeja.

         Después no puedo decir más, NO escuchas, me ignoras y tú tienes la razón. De nuevo quedo como pendeja.

          Y termino sola, tirando lágrimas secretas aunque con ganas de que las vean y ENTIENDAN el significado de cada una. Oculta, escribiendo y quedando siempre como una pendeja.


- ¿Puedo salir del nido mamá?
- No seas ridícula, yo no te lo permito.


                                                                                                                                                F I N

viernes, 27 de enero de 2012

Destrucción

Como siempre, desperté mirando el techo claro y opaco. Tenía calor y mi mañana pasaba de las 12:00pm. -¿Por qué la gente tiene que hacer tanto ruido? los aborrezco. Permanecí unos segundos, el tiempo necesario para despertar completamente y dejar de creer que sigues soñando. Me detengo un momento entre la realidad y la quimera como intentando decidir qué sería mejor. 

Me levanté y la cabeza me sacudió de un mareo, me dolía. Ya no pensé más en la defecación, las ganas de mear se fueron junto con los bostezos y la flojera. Me repetía una y otra vez -Me duele la cabeza, debo hallar alguna pastilla.

Recorrí el cuarto buscando en cada parte. Saqué los cajones del buró y esparcí en el suelo todo su contenido. Caminé al tocador con la esperanza de que tal vez allí lograría encontrar la pastilla pero fue inútil. Corrí al closet y vacíe cada una de mis bolsas, revisé en los pantalones, todo esto sin éxito. Me desesperé, pude notarlo. Todo mi rostro comenzó a transformarse, el toro había llegado. Tiré toda la ropa al piso, las mochilas, los zapatos, los libros. Arranqué las sábanas de la cama y las almohadas volaron por los aires. El colchón terminó al otro extremo de mi habitación atestada de gritos y refunfuños. 

Estaba exasperada, invadida completamente por la ira. Intenté calmarme pero entonces mi reflejo a través del espejo me llamó, unos instantes bastaron para comprobarlo con el ceño fruncido me percibí enfurecida. Caminé siguiendo mis ojos y entonces decidí que no necesitaba que nadie me juzgara - ¿Qué me ves perra? - le grité a la del otro lado, tomé un frasco de perfume sin siquiera observar cuál era y lo lancé con todas mis fuerzas para terminar en un estruendo y cientos de cristales como en cámara lenta, como una inmensa ola caían a mi alrededor.  

Salí de ahí, aun buscaba las pastillas. Llegué al baño, arranqué las cortinas, y tire todo, el jabón el shampoo, el papel de baño, las toallas. El toro controlo cada parte de mí. En la cocina no estaba lo que buscaba. Derramé la leche y derribe el refrigerador, la comida quedo deshecha. Despedacé los platos y los vasos. Vacié la alacena. Llegué a la sala con un cuchillo, rasgué los sillones, corte la alfombra, de una patada el florero quedó hecho añicos, al igual que la pecera. El pez dorado brincoteo en el piso porque se ahogaba, lo pisé y batí para matarlo de una vez. El librero de mi padre, los discos de mi madre, el estudio, el garage, todo quedó en caos. El jardín perdió las flores y las macetas tiradas. El cuarto de mis padres quedó mil veces peor que el mío. 

Regresé a mi alcoba, transpirando frío y con la respiración agitada. Me tumbé al colchón sin importar que me cortara la espalda con los cristales. Cerré los ojos y los abrí de nuevo para mirar el techo claro y opaco. Ya no sabía lo que buscaba porque el malestar de la cabeza presa del terror huyó de mí. Contemplé mí alrededor sin forma y me perdí en los sueños.
 

domingo, 18 de diciembre de 2011

Matar al Enemigo [Fragmento]

-Toma el Arma.

-Pero yo no sé disparar, jamás lo he hecho.

-Te digo que la tomes.

-Pero... señor

-¿No entiendes?

El sujeto tomó el arma que el otro mostraba frente a su cara, tenía miedo y temblaba como si hubiera sido sumergido en agua helada. La pistola le parecía muy pesada, nunca tuvo una en sus manos que no hubiera sido de juguete.

-Señor, yo no quiero hacerlo

-Si no haces lo que te digo tu cabeza volará en pedazos. ¿Puedes ver ese bote de basura que está allá?

-Sí, sí señor.

-Ahí quedarán tus restos. Sólo me tomaré el atrevimiento de guardar una de tus manos. Esa en la que llevas el anillo de matrimonio, que brillante seguro costó una fortuna. Se la enviaré a tu esposa, probablemente quedará traumatizada cuando abra el paquete y encuentre en el interior esa cosa ensangrentada, las niñas tampoco podrán superarlo nunca, pobrecillas.
-No te metas con ellas.

-Shhhh tranquilo Scotty, ya sabes lo que tienes que hacer y entonces, después de eso podrás volver tranquilamente a tu casa, abrazaras a tus pequeñas hijas y le harás el amor a tu esposa toda la noche. Estuviste cerca de la muerte y el sexo te regresará a la vida. Ahora, levanta el arma y tómala con ambas manos.

-Estás enfermo. Eres un jodido psicópata.

-¿Estoy enfermo? Sí, ¿Soy un jodido psicópata? también- el hombre termino la breve secuencia de preguntas y respuestas, miró al vació y después dejo salir con toda la vehemencia que podía una estruendosa carcajada y agregó -Scotty, se ve que eres un hombre muy bueno. Trabajas todo el día para ofrecer la mejor vida a tu hermosa esposa, tienes dos autos, una linda casa, los domingos de parrilladas, un excelente puesto en esa compañía que es lo mejor del momento. Incluso tienes unos zapatos costosos, eso sí, te falta un reloj. Creo que haré mi última herencia.- jaló la manga de su traje para dejar al desnudo su muñeca, traía un bellísimo reloj que enseguida demostraba poder y fortuna. Se lo quitó en un momento y estiró la mano para ofrecérselo a Scott.

-Yo no quiero tu reloj.

El hombre sonrío y chasqueó tres veces la boca en forma de negación, emitiendo un ruido parecido al que se hace cuando llaman a las ardillas y dijo - ¿Sabes cuál es tu problema Scotty? tú siempre quieres ser mejor que los demás. Claro que, ser así tiene sus ventajas, por esa forma tuya tan necia es que tienes el puesto que tienes pero la gran desventaja de todo esto es que no puedes aceptar un simple reloj que un amigo te regala. En tu mentecilla está la idea de que si lo aceptas demuestras debilidad. Muy mal Scotty, debes ser humilde. Ahora acepta este obsequio que te hago. Vamos muchacho ¿nunca usaste uno? ponlo en tu muñeca.

Scott extendió la mano y lo tomó. Lo miro por un instante, de verdad que era hermoso. Una joya exclusiva que seguramente pocos tenían. Colocó la pistola bajo el brazo para poder colocarse el reloj y una vez puesto el sujeto extraño dijo -Maravilloso Scotty, cuídalo mucho. Vale más de lo que tú ganarías en un año de trabajo. Ahora que he sido un hombre muy generoso estoy seguro que llegaré directamente al cielo. Quizá Dios se levante de su asiento para ofrecérmelo a mí- Las risas del hombre envolvieron la atmósfera en donde parecía que el aire pesaba y dificultaba respirarlo.

Scott no tenía alternativa y lo sabía. No podía huir, de hacerlo el hombre lo mataría a él y a su familia. Algunas horas antes, cuando fue capturado él sujeto le advirtió sobre lo que pasaría y además le contó detalle a detalle lo que Scott y su esposa hacían durante el transcurso del día. Minutos después aquél sujeto hizo la extraña propuesta y le ofreció agua que, seguramente llevaba algún químico porque de momento Scott cayó desmayado y despertó algunas horas después.

Todo estaba muy bien planeado, pensó Scott. Y decidió sin dar más vueltas al asunto que debía hacer lo que el hombre quería. Tenía miedo pero saber que la vida de su esposa e hijas estaba en juego le otorgaba cierto valor. Un valor que en raras ocasiones mostraba porque él no era un hombre de violencia. Apenas tuvo peleas en su adolescencia pero contrario a eso, había ganado muchos amigos que le apreciaban bastante por aquél sentido de justicia que siempre mostró desde muy pequeño. 

Una vez, aún en el colegio llegó un chico nuevo a la clase, los problemáticos del salón lo esperaron al receso para darle una bienvenida pero Scott lo sabía porque él era amigo de todos y de ellos también. El muchacho nuevo caminaba solitario por un pasillo del patio cuando fue acorralado por los demás niños que se mostraban desesperados por golpearlo y además quitarle su dinero. Pero antes de que el más grande impactara su puño en el ojo izquierdo y azul del nuevo, Scott llegó y dijo -Chicos, no es necesario golpear a este compañero, es amigo. Antes de salir al receso le hablé de todos ustedes y él muy amigablemente ofreció invitar el desayuno a todos nosotros el día de mañana. Qué pena que ahora le hagan ese recibimiento, seguro se ha retractado de la oferta. Los demás chicos lo miraron sorprendidos y el del puño cerrado y apretado miró al niño que continuaba frente a él, temeroso y angustiado y le pregunto –Hey, eso que ha dicho Scott ¿Es verdad? pero el muchacho no entendía nada de lo que pasaba y a penas pudo contestar - eh, sí, sí. Eso es verdad pero veo que no soy bienvenido. Todos tiraron carcajadas y Scott colocó un brazo sobre el muchacho nuevo para llevárselo a otro lugar del patio, volvió la cara a los demás y les recordó - Chicos, mañana recuerden que él nos traerá desayuno a todos, ahora es nuestro amigo. No intenten espantarlo o podríamos perdernos de unas deliciosas salchichas. -No, no Scott, no hay problema. Hey, amigo. Esperamos mañana la comida y discúlpanos.

Los recuerdos se le fueron esfumando de la mente. Ahora no podía hacer nada que no fuera lo que desde un principio el sujeto le dejo claro. Enormes gotas de sudor comenzaron a llenarle la frente y escurrirle de las patillas. Estaba a punto de cometer un crimen.

- Se termina el tiempo Scotty. Será mejor que te apresures. Después de esto tienes una misión más que hacer o de lo contrario- guardó silencio por un momento y terminó diciendo en forma de canción - Conoces las consecuencias.

Scott tomó del arma con ambas manos y apuntó a la frente del hombre. Este no se movió y en sus ojos mostraba tanta calma como el mar en un día de verano. Verlo así, con tanta paz y tranquilidad desconcertó a Scott pero ya no importaba lo que pasara después, tenía el tiempo en su contra.

-¿Qué pasará después?

-Después, tomarás de mi bolcillo algo que es para ti. Te irás pronto para que cumplas con la última tarea. No dejes rastros, debes ser muy cuidadoso. Tanto como lo eres en tu trabajo con todos esos números que tienes a cargo.

-¿Mi esposa estará bien?

-Claro que sí. No seas desconfiado Scotty. Termina ésta y la última tarea que te he encomendado, debes llegar a cenar. Pero recuerda, si intentas salirte con la tuya... dejemos las cosas malas y sigamos.

-Muy bien, no te muevas.

-Gracias Scotty, eres un buen muchacho. La vida te recompensará por tu bondosa acción- y las carcajadas salieron de nuevo de la boca de aquél sujeto.
Scott, suspiró y miró por última vez los ojos relajados del sujeto. Apuntó y espero unos segundos intentando responderse si lo que hacía era lo correcto, fue interrumpido por las palabras ansiosas del hombre que lo esperaba -Queda poco tiempo.

-Adiós- dijo Scott y jaló del gatillo. La bala atravesó con toda la rapidez posible la frente del extraño. Éste se derrumbo y quedó tirado en el suelo con una ligera expresión de tranquilidad en la cara. Con las piernas extendidas y extrañamente con ambas manos en el pecho. Era todo un muerto acomodado dentro del ataúd.

Scott, estaba sorprendido. Acaba de matar a una persona que se lo había exigido. Pero el tiempo seguía y ahora él no tenía oportunidad para detenerse a meditar. Debía seguir. Vació el bolcillo del muerto tal como este se lo había ordenado. Salió del lugar sin mirar atrás. Se escurrió oculto entre las sombras, como un insecto, como una cucaracha. Olvidó por un instante que se había convertido en un asesino y que el cadáver de su primera víctima estaba atrás, apenas a unos pasos de él. El juego debía continuar.



sábado, 10 de diciembre de 2011

Ajeno

Frente al espejo veo una cara con la misma palidez que la de un enfermo. Los ojos hundidos pero el globo ocular parece más grande y el iris se muestra completo y desesperado. Las mejillas están chupadas. Hay una calavera frente a mí con una delgada capa de epidermis. 
Entre unas manos flacas está la cara y estas aprietan con fuerza y jalan el pelo y entierran las uñas.
La respiración suena profunda y veloz.

Sigue la cara frente a mí. Se está transformando en el demonio oculto. Entonces ellos aparecen y sigo viendo a través del espejo como susurran al rostro, están atrás de aquélla. Son los mismos que yo conozco. Son mis amigos del infierno con los que hablo y entonces entiendo, la cara que veo es la mía. Y me da miedo. Le temo a la que está frente a mí. Soy yo, pero luzco diferente.

- Hazlo, hazlo, hazlo - gritan todos entre carcajadas.

Y entonces me estoy perdiendo, porque dentro de mí la dueña del nuevo rostro reclama el cuerpo que poseemos. Y otra vez se transforma, se está riendo. Ha caído en la locura y yo no puedo hacer nada más. Me dejo llevar y entre las tinieblas diviso como ellos colocan largas líneas de heroína. Y esa que está frente a mí, la que soy yo, inhala profundo y yo me pierdo porque ya no puedo ver más con sus ojos el mundo. Desde hoy quedo oculta y evaporada. No existo.



jueves, 1 de diciembre de 2011

Despertando al Caos

3:45am
Agitada, empapada en sudor y de nuevo sola, sola en mi habitación. ¿Qué día es? tampoco el celular me lo decía. Cerré los ojos, pensé en tranquilizarme, perdí la noción y quedé dormida.

4:45am
Han pasado exactamente 45 minutos desde mi último abrir de ojos, no sé si estoy despierta, pero esto se asemeja mucho a lo que conozco como la realidad. La cama ahora está completamente mojada, como el pijama. El sudor comienza a inundarlo todo, parece que intenta ahogarme sin que yo pueda darme cuenta, mientras estoy perdida en los sueños que no recuerdo. 

Cierro los ojos y al instante esas imágenes me atacan, ya no hay sólo oscuridad, porque lo que era todo negro ahora cambia significativamente de formas, me muestra lo que yo conozco pero que aún no entiendo. 
No puedo dormir más, me incorporo y me encuentro sentada, miro mis pies, uno tiene un calcetín y el otro está quieto y desnudo. 

Las articulaciones están engarrotadas, incluso moverme lento me cuesta, hago el intento comenzando por el cuello, ¡Crac! algo dentro ha rugido como un trueno. De a poco, juego con el ritmo de mi corazón como único acompañante sonoro para conseguir movimiento en todo el cuerpo. Lo consigo y me levanto. Camino muy despacio, no tengo prisa y aunque la tuviera, mi cuerpo no está preparado para correr.

Llevo la cabeza en blanco, ¿Qué ha pasado ayer? no tengo una jodida idea, es como si hoy me levantara a la vida después de mucho tiempo. 

Quedo frente a la ventana, tras la cortina se asoman las luces de la calle, la jalo para quedar frente a la soledad, no hay personas, no hay pájaros, no escucho el ladrido de algún perro o el rechinar de los autos, ni la madrugada responde.

Sé que alguien falta en mi cama pero, ¿Quién?, un momento, ¿Quién soy yo?, ¿Cómo me llamo? La cabeza me late, estoy pletórica de quién sabe qué.

He vuelto a la cama, tengo que cerrar los ojos y dejarme llevar, tal vez ahí, en ese mundo yo pueda hallar respuestas, pero no tengo preguntas, en el fondo, estoy segura, no debo conocer la verdad.







-Estoy acostada en la cama, con los ojos cerrados, sólo intento ver qué pasa si permanezco así, viendo lo que hay al otro lado pero, nada puede pasarme, es como los sueños-

De entre la negrura, veo destellos, abarcan todo el rectángulo de mi visión, son blancos y hay más y más, iluminan el entorno, iluminan, iluminan.

Se han formado figuras geométricas, son de todos los colores y al centro, un enorme triángulo invertido, se acerca y me indica que debo ir hacia abajo. Camino entre el blanco y la geometría, creo que puedo caer en cualquier momento. Por alguna razón estoy pensando en música y ahora el lugar está sonando, pero no conozco la melodía, no sé cómo se llama. Entre más camino hacia el triángulo, este se aleja más, es dorado, como el oro y brilla, estoy segura que puede reflejarse en mis ojos.

-Pensé en música y apareció, tal vez si pienso en helado pase lo mismo. A mi lado, una montaña de helado de chocolate, arriba puedo ver la crema batida con fresas y chocolate líquido, acaba de aparecer de la nada. Comeré un poco, se ve tan delicioso. 

El triángulo ha girado, ahora indica que camine hacia arriba pero, yo no he hecho más que caminar al frente, porque no veo dimensiones, todo es tan ¿plano? He tenido que dejar el helado para seguir, podría pensar en cualquier cosa y ésta seguramente aparecerá -Ten Cuidado con lo que Deseas- recuerdo la frase, pero no sé de dónde.

Ahora estoy frente al triángulo, parece un botón enorme, es tan alto que desde donde estoy no puedo ver bien la punta, debo oprimirlo. Estoy tratando con todas mis fuerzas y entonces este al fin se movió, quedó presionado y una luz interna le ha encendido. He mirado atrás de mí, ya no hay nada, sólo está el blanco inmaculado ante mis ojos y delante, el botón que ya no es un triángulo, es una flecha parpadeante.

-Arriba- dije. Algo está temblando bajo mis pies, ahora me eleva y la flecha ha quedado abajo, todo sigue blanco y no hay nada que observar. -Alto. El ascensor se detiene, pongo un pie al frente y confirmo que no voy a caerme, noto la dureza y avanzo, no es diferente al lugar de <<Abajo>> pero entonces. Veo al fondo una pequeña figura oscura, ¿qué es? no puedo evitarlo y corro hacia ella, pero esta no se mueve, cada vez la veo más cerca y más, más, más.

Al llegar comprobé que se trataba de una puerta, a un lado una pequeña inscripción en una placa plateada reluciente, dice: Piense, Sueñe y Abra.

Entiendo de que se trata. Pensé en un águila gigante, la imaginé y dejé que la mente hiciera la suyo, soñé que estaba sobre ella volando el mundo y entonces abrí la puerta y entré.

El águila, ahí está frente a mí, se ha inclinado, parece que quiere que me suba, al rededor todo sigue igual de blanco, lo único que está frente a mi es el águila. -No hay nada mejor aquí, subiré.

He trepado a su lomo, los nervios me están traicionando, como el que se siente cuando te subes a un juego extremo en las ferias, no recuerdo haberme subido a alguno, pero, tampoco recuerdo mi nombre.

-Vuela- ordené. El enorme animal ha emprendido el vuelo, sé que estoy volando porque las alas se le mueven y ha encogido las patas pero, no siento el aire, todo sigue tan blanco como antes.

-Imagina- dijo una voz.

No entiendo muy bien de qué se trata, pero pensé en el aire rozando mi piel y ahora lo estoy sintiendo, imaginaré que volamos sobre un lago, el lago apareció. Estoy llenando todo el lugar, árboles, el clima es frío, a lo lejos visualizo un castillo medieval, es hermoso, muy bello.

Pero entonces, por un instante, tengo miedo, no sé a qué, no sé por qué, pero el miedo me domina y ahora, todo el hermoso lugar se va cayendo a trozos, del cielo azul ha caído un pedazo y todo comienza a derrumbarse, dejando en el lugar vacío el negro penetrante, el Águila ha pegado un chillido, es como si estuviera muriendo, deja de aletear y va cayendo en picada, yo estoy cayendo también. El lago ya no está, nada amortiguará el golpe, el negro está por todos lados, me estrellaré, falta poco, lo presiento, 

-Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.







Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
- Rápido Enfermera, Electroshocks. La máquina.
- Sí Doctor.
- Póngalo ahí, de inmediato. Deme eso. Uno, dos tres, descarga. Uno, dos tres, descarga. Uno, dos, tres, descarga.
- Doctor, no responde.
- Uno, dos tres, descarga. Uno, dos, tres, descarga. Uno, dos, tres, descarga.







Tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, tiii, tiii, tiii, tiii, tiii.

-Ha vuelto, ha vuelto, Doctor ya ha vuelto.
- Llévese esto y regrese pronto, ya sabe que no puede estar sola ni un segundo, necesito que ahora la vigilen más, incrementen la seguridad y los cuidados deben ser intensivos. Registre el incidente, son las 6:45am. Ella estará bien, estará bien.
- Pero Doctor, lleva más 4 meses en coma, ha sufrido al menos 6 paros cardiacos, ¿No cree usted que ella debería descansar ya?. Tal vez ella desea partir.
- ¿Estás loca? Soy el Director de este hospital y nadie debe contradecir mis órdenes, invertiré todo mi dinero si es necesario.
- Pero Doctor...
- Haz lo que te he dicho, ahora, lárgate. Es mi hija, no la dejaré morir.


-Es mi hija, no la dejaré morir. Todo está bien pequeña, todo estará bien, te lo prometo.







12:45am
 Me siento un poco mareada, ya todo está oscuro, no sé qué día es pero mi reloj parece andar perfectamente. Mi cuarto parece más ordenado que antes, todo se ve exactamente igual excepto por ese cuadro que está colgado en la pared, en él sólo hay una flecha dorada y el fondo es todo blanco, no hay más. Creo que la oscuridad me traiciona pero, parece que la flecha se está moviendo.




martes, 15 de noviembre de 2011

Vendetta

          Miré al rededor, todo continuaba en la misma penumbra. No escuchaba nada; llegué al infierno y estaba bajo la tierra en solitario, empapado en sudor, sediento. No podía hablar muy bien, tenía imposibilitada la boca y las extremidades. Poco a poco recuperé el sentido — ¡Estoy Vivo! Me acostumbré a la oscuridad y noté algunos relieves negros; figuras amorfas estaban frente a mí, secreteando, hablando de mí. Las punzadas intermitentes en la cabeza se encajaban, avanzaban por los nervios de cada parte de mi cuerpo, sentía dolor al máximo, estaba golpeado. Llegó hasta mi nariz el bizarro olor metálico de sangre, fue tan fuerte que me sentí mareado e imagine las manchas rojo-oscuro secas con la piel molida. Intenté zafarme hasta que concluí que estaba sentado en una silla muy incómoda, atado de tal forma que tenía acalambrados pies y manos que se ubicaban detrás de mí, en la espalda.
         — ¿Qué me pasó?, ¿En dónde estoy? Es imposible desatarme, no podré conseguirlo— dije para mí; la desesperación embargaba mi ser, me balancee para intentar moverme pero en el acto caí al piso hacia el lado derecho, aplastándome el brazo, grité y lloré hasta que me quedé dormido.

          Abrí los ojos, pensando antes que todo había sido una pesadilla pero, la decepción fue grande cuando supe, si es que la vista no me fallaba, que me encontraba situado en el mismo lugar. Ya no estaba en el piso, alguien levanto mi silla. — ¿Hay alguien ahí? Auxilio por favor, te daré dinero, tengo casas— vociferé con fuerza  y dificultad pues tenía algo que me prensaba la boca, parecía un pañuelo o algo de tela, no obtuve respuestas. No podía recordar lo que había pasado, no tenía idea alguna del por qué me encontraba yo en tan menesterosa situación. —Dios, ayúdame por favor, soy tú hijo perdona mis ofensas.

          Pasaron algunos minutos, tal vez fueron horas. Se me cuarteaban los labios y la garganta seca. Escuché algo, un leve sonido, el corazón se me aceleró, alguien estaba cerca. El ruido aumentó y de pronto una luz en forma rectangular y en medio la silueta de una persona, debía ser un hombre por la corpulencia. Avanzó un poco a un barandal de una escaleras, dejó la puerta abierta con esa luz cegadora y bajó.

          Se posó frente a mí, no pude distinguir su cara pero se acercó lo suficiente para que pudiera notar algunos detalles, llevaba una barba larga y un sombrero, algo llevaba en la mano.
          — ¿Quién eres tú? ¿Por qué me tienes así?— reclamé indignado. El sujeto no hizo más que darme una cachetada y quitarme la mordaza de la boca. — ¡Por favor, libérame!, te juro que conseguiré dinero, todo el que necesites.
        — ¡Así que tú piensas que esto se trata de dinero! estás muy equivocado. Esto se trata de venganza y la venganza no tiene precio.
        —Yo no te conozco, no te he hecho nada. ¡Me confundes! suéltame por favor.
       —Eres una basura, morirás porque así debe ser y tu carne se agusanará y tú alma estará eternamente ardiendo en el infierno; yo te mataré y también iré ahí para seguir destruyéndote, aún después de la muerte.
       —Por favor, suélteme— supliqué llorando, tenía miedo, mojé los pantalones.
       —No implores, morirás.
       —¿Por qué? ¿Por qué me odias y quieres matarme?
       —Ahora tienes 38 años y eres una basura, ya lo eres desde siempre. ¿Recuerdas tú vida a los 16? Soy el padre de Rosy, la niña que murió por tu culpa a los 10 años. La niña a la que con engaños llevaste lejos, invitándola a jugar y violaste, destruiste su vida y la mía. Huiste después, tus padres adinerados no podían permitir dañar la reputación familiar.

        Quedé callado, recordé el incidente, el mismo que no me deja dormir por las noches, el mismo que me hace llorar y odiarme, el mismo que me recuerda que yo no merezco vivir.

          —Yo sé que te arrepientes, pero ya no tiene solución. Te he visto en la iglesia, imploras por tú perdón. Ella se suicido, una niña no hace eso, una niña piensa en juegos. La amarraste, jugaban a los ladrones, después levantaste su vestido, ella te preguntó qué hacías, la engañaste de nuevo, le dijiste que jugarían al doctor y la tocaste ella se quejó, no quería, estaba asustada. La obligaste a callarse y como no cedía metiste uno de tus asquerosos calcetines a su boca, tomaste sus delicadas piernas, la abriste para penetrarla un sin fin de veces, lastimándola, robándole todo en la vida.
         — Señor, perdóneme, lo juro que yo jamás me he perdonado por eso, en ese mismo instante yo ya me sentía miserable. Llegué a mi casa, tomé una de las pistolas de mi padre y la puse en mi boca, quise jalar el gatillo, pero ellos llegaron y me detuvieron, les conté todo y nos fuimos— las lagrimas me escurrían, desgarré la garganta en un chillido.

         El hombre levantó el brazo y coloco dentro de mi boca una barra fría, era una pistola y agregó —Hoy te cumpliré el deseo, te volaré los sesos.
Tomé un último respiro, pedí perdón otra vez, a él y a Dios. Mi vida estaba por terminar y entonces...


        ¡BAAANNGG!


        Morí. Mi cerebro quedó derramado por la pared y el piso. Es lo que merezco, es lo justo.














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                                             Esa Maldita Yo

domingo, 6 de noviembre de 2011

Juana

Un día como hoy pero de 1479 nació Juana I de Castilla. La historia de esta mujer es sorprendente así que me basé en algunas biografías para escribir estas cartas. NOTA: Es ficción, todo lo que a continuación se relata no es más que invento mío. La reina Juana no redactó estas cartas sin embargo, las fechas y algunos puntos son reales.


1509
Felipe, ¿Cuántas veces más debo humillarme para satisfacer tu ego? el único propósito siempre ha sido que entiendas, sólo un poco del amor que yo siento por ti.
Me dicen La Loca porque caigo en agonías por los celos desbordantes, pero dejaría de llamarme Juana si este sentimiento fuera arrancado de mí. Por las mañanas te observo unos instantes, cuando el sol refleja con su brillo lo Hermoso que eres, siento que la vida se reduce a ese instante, en el que yo no puedo pedir nada más pero desearía saber el por qué de tu rechazo, del tu -Ya no te quiero.
Conoces bien las incomodidades que pasé en el norte, cuando ellos creían que todo iría mejor con una alianza en Francia, cuando dejé la tranquilidad de Castilla para unirme contigo a los festejos en Borgoña. No te conocía y sin embargo una mirada bastó para reconocerte, el amor de mi vida y tú también te enamoraste locamente, lo sentí, ¿qué pasó contigo?
Todos creen que mi estado patológico es grave, mi padre decidió recluirme en Tordesilla, creo que es lo mejor, necesito olvidarte, necesito alejarme de ti.


1525
Felipe, llevo encerrada mucho tiempo, fui forzada a privar mi libertad y en algún tiempo creí que esto sería bueno. El palacio dejó de parecerme bello, estoy en una cárcel, en mi cárcel. Sólo visto de negro, he llevado el luto por la muerte de aquél amor que alguna vez sentiste por mí y que aun me pesa. Llevo el luto por tu propia muerte, te fuiste hace 19 años y aun te extraño. Aquí he sufrido el infierno, los maltratos físicos y psicológicos no me dañan tanto como darme cuenta que Catalina, nuestra pequeña hija, está viviendo injustamente el mismo infierno que yo, inclemencia no justificada, ella no está loca pero creo que el hecho de cuidarme le afectó, no se ha casado y es infeliz, lo sé, lo noto en su mirada triste y apagada. Aquí todos valen más que nosotras dos. 
He solicitado que me liberen, pero el Estado me cree con incapacidad mental, nadie me escucha, grito y grito. No puedo quejarme pues mis lamentos no funcionan y yo estoy cuerda, ahora sólo inventan mi enfermedad pero no existe. Te escribo esta última carta pues te alejarás de mí, ya no podré visitar tú tumba, te llevarán a Granada. Espero verte en los cielos, la peste fue declara y yo quiero morir. 




12 de Abril de 1555
 Me llamo Juana, tengo 75 años y llevo encerrada 46. Dicen que tengo una enfermedad física y mental, es verdad, no puedo caminar pero, yo no estoy Loca. Creyeron que me alejé de Dios y que los demonios me han poseído pero el jesuita afirmo que no es verdad, que no estoy endemoniada. Me preguntó si me trataban adecuadamente y yo no hice más que negarlo sin hablar, moviendo la cabeza. Hoy vino de nuevo, el si me cree, sabe que no perdí la razón pero, ya es muy tarde, hoy es el día de mi fallecimiento.





Dijo san Francisco de Borja— «muy diferente sentido en las cosas de Dios del que hasta allí se había conocido en su Alteza»

                                         

                                                                                                   Esa Maldita Yo