Termino con la última palabra que sale de mis labios, apenas suena entre la oscuridad de la noche con lluvia y el silencio sonoro de tu respiración. Te he dicho más de mí de lo que debería, te he hablado más de lo que me he atrevido a escribir sobre la persona que soy. Atento contra mis adentros dejando de ocultar tantos secretos, sentimientos y estados. Sabes suficiente, lo necesario para saber cuándo debes quedarte y abrazarme con fuerzas o aguardar tras la puerta mientras me calmo. El Sábado pensé que harías lo mismo de siempre, no esperaba nada y tampoco me importaba pero entonces, sentí cómo me rodeaste y la calidez de tus brazos la pude sentir fuerte, muy fuerte. No estoy segura de que me entiendas, en decir, a veces ni siquiera yo logro hacerlo. Pero cuando digo -te necesito- es porque realmente eso sucede, te necesito. No sé cómo, ni qué podrías hacer exactamente. Pero no cierres los ojos, no te duermas. Mantente alerta por ésta vez, cuida y vigila de éste insomnio que me agobia y no me suelta nunca. Dices que soy egoísta, debes levantarte temprano, lo sé, lo sé, pero olvida el tiempo y tus actividades, sólo quédate conmigo y no me dejes porque en verdad te necesito aquí conmigo, en éste instante, entre cada uno de mis suspiros. Tal vez decidí tomar más de tu confianza, no pude evitarlo, así pasó, así han sido las cosas. Intentaré moderarme, tú no puedes resolverme y eso me ha quedado claro porque concluyo, el insomnio no me deja dormir y aunque yo lo necesite y me obligue, simplemente no puedo. ¿Cómo hacer para que se vaya tu sueño? Yo no pude, tú tampoco y mi necesidad de ti muchísimo menos. Dices que son quejas, no lo eran, trataba de que pudieras abrir los ojos y es pasado, por ahora ya no importa porque así sucedió. Quiero que olvides cada palabra que pronuncié y cada sentimiento que te revelé, quiero que no lo recuerdes y quisiera que mientras estabas dentro de los sueños yo hubiera hablado con el aire, sola, sin que tú ni nadie pudiera oír, ni siquiera tu conciencia. Porque en la inmensidad de la noche, la mirada me quedó fija en el infinito, en dónde hay tanto que pareciera que no hay nada.
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lunes, 5 de noviembre de 2012
miércoles, 11 de abril de 2012
Anécdota: La Estúpida
Ay por favor, no seas ridícula.
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No seas Ridícula --> ERES RIDÍCULA --> SOY RIDÍCULA
Expresarlo abiertamente después de explotar como última salida me hace quedar como una pendeja.
Después no puedo decir más, NO escuchas, me ignoras y tú tienes la razón. De nuevo quedo como pendeja.
Y termino sola, tirando lágrimas secretas aunque con ganas de que las vean y ENTIENDAN el significado de cada una. Oculta, escribiendo y quedando siempre como una pendeja.
- ¿Puedo salir del nido mamá?
- No seas ridícula, yo no te lo permito.
F I N
lunes, 26 de diciembre de 2011
Lluvia
La mañana me miraba triste con un sol oculto entre nubes que anunciaban la prontitud de la lluvia. Los relieves del piso de la solitaria y callada estación del tren me mostraban paisajes imaginarios, que presentaban en mi cabeza los verdes campos Suizos. Los recuerdos de una tarde de verano en aquella casita azul y techo blanco regresaban a mi paladar el sabor de las frutillas que nacían en tremendas cantidades en los arbustos cercanos a la vena de río que pasaba por ahí. Todo era tan lejano, ahora no estaba más en aquél lugar. Esperaba el tren el que me llevaba de vuelta a otro sitio.
Las vías sin fin, viejas, oxidadas y marchitas como mi propio espíritu desvanecido en la multitud de partículas que rondan eternamente, mencionaban que aún estaba aquí, existía.
Pero mi camino ya no era claro y nada podría despertarme si yo regresaba. Tomé un cigarrillo maltratado que saqué de uno de los bolsillos de mi vieja chamarra. Tragué el humo y me levanté del asiento.
Caminé lento dejando atrás, en ese asiento de aquella estación, la única y pequeña maleta que contenía apenas ropa, el boleto y el tren que silbaba, chillando que en cinco segundos quedaba estático.
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